David Monte López, candidato lanzaroteño al Congreso de los Diputados por  Coalición Canaria y Primero Canarias

No nací en Canarias. Pero Canarias también es mi tierra.

Hay lugares en los que uno nace y lugares en los que uno aprende a vivir. A veces coinciden, otras veces no, pero eso no hace que el sentimiento de pertenencia sea menos auténtico.

En estos días, cuando se habla de candidatos que concurren por Canarias sin haber nacido aquí o sin una vinculación conocida con nuestras islas, vuelvo inevitablemente a pensar en mi propia historia.

Yo nací en Córdoba. Mis primeros diez años transcurrieron en un barrio humilde, en una familia con muchas dificultades económicas y con pocas oportunidades. Mi infancia estuvo marcada por las estrecheces, pero también por el esfuerzo de una madre que nunca se resignó a que aquellas circunstancias determinaran nuestro futuro.

Con apenas 11 años, mi madre tomó una decisión que cambiaría nuestras vidas: marcharse a Lanzarote con cuatro hijos pequeños.

No vino con un contrato de trabajo bajo el brazo. Tampoco teníamos una casa esperándonos, así empezó nuestra historia en esta isla.

Con el tiempo llegó, en Playa Honda, algo que hasta entonces nos había faltado: la tranquilidad de saber que podíamos salir adelante.

Lanzarote nos dio una oportunidad. Mi madre, con su esfuerzo, supo aprovecharla.

Crecí en Playa Honda. Allí fui al colegio, hice prácticamente todos mis amigos y viví los años que terminan convirtiéndose en los recuerdos más importantes de una persona. Allí conocí a canarios de nacimiento y de tradición, que me abrieron las puertas de su casa y de sus costumbres con una naturalidad que nunca he olvidado.

Sin darme cuenta, fui haciendo mía una forma de hablar, de convivir, de entender la vida y de querer a esta tierra. No hubo un día concreto en el que empezara a sentirme canario. Sencillamente, sucedió. Entre las aulas del colegio, las tardes de futbol en el “teleclub” con los amigos y la vida cotidiana de un “barrio” (como nos gusta llamarlo a los de Playa Honda) que terminó siendo el mío.

Y nunca necesité dejar de sentirme cordobés para sentirme también canario.

Porque la identidad no tiene por qué ser una elección entre el lugar del que vienes y el lugar al que perteneces. Podemos conservar nuestras raíces y, al mismo tiempo, echar otras nuevas. Podemos querer la tierra donde nacimos y sentir un profundo arraigo por aquella en la que hemos construido nuestra vida.

Por eso creo firmemente que el sentimiento de pertenencia a Canarias puede construirse más allá del lugar de nacimiento.

Ser canario es una realidad que cada persona vive desde su propia historia. Para muchos, comienza con generaciones de arraigo familiar. Para otros, como yo, nace de una experiencia compartida, de los vínculos que vamos creando y de una tierra que acaba formando parte inseparable de quienes somos.

A veces pienso en aquella mujer que llegó a Lanzarote con cuatro niños, sin trabajo y sin apenas recursos. Y pienso en lo que habría sido de nosotros si no hubiera tomado aquella decisión. No tengo respuesta. Lo que sí sé es que las oportunidades que encontramos aquí cambiaron nuestras vidas.

Siempre digo que mi familia y yo se lo debemos todo a Lanzarote. Es mi manera de expresar un agradecimiento que no se me ha pasado con los años. Al contrario, cuanto mayor me hago, más consciente soy de lo que significó aquella oportunidad.

Ese agradecimiento también explica mi vocación de servicio público con este paso al frente. No porque exista una deuda que pueda saldarse, sino porque creo que una de las mejores maneras de agradecer las oportunidades recibidas es contribuir a que otros también puedan encontrarlas.

Me gustaría que cualquier niño que hoy crece en Canarias, haya nacido aquí o haya llegado de fuera, pudiera mirar hacia el futuro con la misma esperanza que mi familia encontró en Lanzarote hace treinta años. Por eso defiendo un nacionalismo canario que no pregunte dónde naciste, sino qué futuro queremos construir juntos; un nacionalismo unido, capaz de defender los intereses de esta tierra y de quienes vivimos en ella. Esa es la idea de Canarias que encuentro en Coalición Canaria y la que me ha llevado a comprometerme con este proyecto.

No pretendo que mi historia represente la de todos. Es simplemente la mía. Pero me ha enseñado algo que considero valioso: el arraigo no siempre se hereda. También se construye, día a día, a través de las personas que nos acompañan, los lugares que hacemos nuestros y las decisiones que tomamos

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